Alegorías


Se nos ha puesto creativo el Dr. Carstens. Lo malo es que no parece que esa creatividad sirva para maldita la cosa: es más bien que le ha dado por ser alegórico y que, por lo visto, busca así hasta imprimir un tono desenfadado a sus apreciaciones en torno a la crisis financiera mundial de la que se oye tanto en estos días. Ayer salió en la tele (ha salido mucho últimamente), y fue respondiendo, calmoso, sonrientito, bonancible, a la entrevista que le hacía Loret. En una de ésas, cuando éste le preguntó si en México ya habríamos tocado fondo, el secretario de Hacienda contestó algo como «Esto es un bache lleno de agua», con lo cual —es de suponerse— habría querido decir sencillamente que no, que no sólo no hemos tocado fondo, sino que ni siquiera sabemos si el bache (un cenote, más bien) tendrá fondo. También ha recurrido a las metáforas médicas: habla de la pulmonía que tiene postrada a la economía de los Estados Unidos, y de que en México se espera que sufra una «gripe un poco más severa».
Lo de menos, claro, es que un funcionario tenga ínfulas literarias y se exprese con un lenguaje que pretende ser ingenioso. Es posible que el Dr. Carstens —en este caso, pero así saben ser también todos los políticos, mexicanos o no— asuma que el grueso de los ciudadanos que le prendemos a la tele y lo vemos llenando la pantalla necesitamos explicaciones así, ocurrentes y coloridas, para poder entender qué diablos está diciendo. Y hay algo de razón en eso: la materia bursátil es críptica por definición. Pero una cosa muy distinta es que esa actitud implique, como en efecto sucede, una sostenida voluntad de disimulo: al atenuar o desmentir las circunstancias caóticas que prevalecen en los mercados financieros mundiales, incluido el de México, lo que el secretario y compañía hacen es desdeñar, malamente, esa cosa problemática y horrible que es la famosa realidad. Ahora: si bien se entiende que quieran infundir serenidad, pues en todo caso el pánico es siempre indeseable, también hay ocasiones en que lo mejor es poner las cosas como son, para que uno sepa bien a qué atenerse. El miércoles, el mismo Carstens y Guillermo Ortiz, el gobernador del Banco de México, pidieron paciencia y confianza, al tiempo que el dólar estaba llegando a venderse en 14 pesos. «Nuestro sistema financiero está sano», recitó el primero —sí, tú: ¿y la cartera vencida?—, y el segundo le hizo coro con esta paradójica admonición: «En cuanto al tema de si el dinero de los ahorradores está seguro, yo diría que pueden tener toda la confianza, que sí está seguro, pero, bueno, pues no podemos desconocer ni negar que el país, la gente va a ser afectada». ¿En qué quedamos, entonces? ¿Confiamos en que sí nos vamos a ver afectados? ¿O cómo?
En México, cada que un político en funciones sale a decir que las cosas están bien, es que están mal; si dice que no están tan mal, están espantosas. Nunca ninguno ha reconocido que ya nos cargó el payaso: para ese momento ya está otro en su lugar, diciendo que todo está en paz, que nos vamos a recuperar.

Publicado en la columna «La menor importancia», en Mural, el viernes 10 de octubre de 2008.



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4 comentarios:

Octavio Aguirre dijo...
10 de octubre de 2008, 15:38

¿No le parece, mi querido licenciado, que esto parece 1994?

Prepárense para ver muchas rayitas en las noticias y muchos elgios o condenas al FOBAPROA gringo y europeo.

¿Quién dijo que nada más en México se hacían pendejadas con el dinero de los demás?

Saludos, ya mucho que no me paseaba por estos lares.

Luis Vicente de Aguinaga dijo...
11 de octubre de 2008, 11:44

Admiro tu valentía. Mucho me temo que no se acaba la semana que viene sin que recibas un e-mail del SAT. Así son estas lindas personitas. ¡A mí me lo hicieron por criticar la mala costumbre que tiene dicha Secretaría de quedarse con las obras que recaba por concepto de pago en especie! Ya mero no te van a querer aplicar a ti la quebradora, si hasta burlesco te pones... ¡Ánimo!

José Israel Carranza dijo...
13 de octubre de 2008, 23:29

Buenos fueran para conocer el e-mail. En todo caso, lo que puedo esperar es un aviso de que me llegará un aviso, un aviso en el que conste que según lo dispuesto en el inciso equis de la fracción equis del artículo equis de la Ley equis, relacionado (el inciso tal) con otro inciso, pero ahora el zeta de la fracción zeta del artículo zeta de la Ley zeta (y así hasta la náusea), se me informa que deberé esperar en mi domicilio la siguiente diligencia, que consistirá en la entrega de otro aviso —o digámosle ya «requerimiento»—, etcétera. Así que, de mientras, como dijera nuestro buen y sabio amigo Ramón, que el Dr. Carstens chingue él y su madre.

Alejandro Vargas dijo...
26 de octubre de 2008, 23:07

Deberían de hacer como un show estilo “Andrés Bustamante” para ver si realmente son lo que dicen o parecen ser. Igual tendríamos más certidumbre si nos estamos pudriendo parados o simplemente lo que vemos, es el recuerdo de nuestra muerte.