Princesita

 

Foto: ©FIL Guadalajara/Pedro Andrés

La segunda de los tres homenajeados en esta edición de la FIL ha sido la llamada «Elenita» Poniatowska, en razón de que alcanzó ya el ochentón. Quién sabe si vayan a darle alguna vez el Premio FIL, si es que siguen dándolo, pero todo puede pasar. Como sea, la feria ya cumplió con ella, reuniendo en torno suyo a gente que la quiere y la chiquea y la trata de «princesita». Qué bonito todo.

Sacándole escrupulosamente la vuelta a esas ridiculeces, yo he aprovechado sobre todo para ver libros. De lo que llevo inspeccionado hasta ahora, recomiendo los stands (discretos, hay que fijarse bien) de distribuidoras y editoriales argentinas en el área internacional, más precisamente en los pasillos H e I. Ahí, por cierto, se encuentra el sello Adriana Hidalgo, cuya fundadora ha recibido este año el Reconocimiento al Mérito Editorial: un estupendo catálogo, fruto de una labor que apenas lleva 13 años y que tiene como propósito primordial preservar la calidad en lo que publica. Ejemplar.

En cuanto a las presentaciones de libros, sólo he ido a unas cuantas, y si son en el Centro de Negocios me la pienso cada vez más. Yo no sé por qué nunca se ha tratado de poner remedio a las aglomeraciones que tienen lugar ahí todo el tiempo. En primer lugar, los horarios no contemplan algunos minutos para que los salones se desalojen al terminar una actividad y la gente entre a tiempo de que comience la siguiente: todas las presentaciones están pegaditas; luego, el personal de «control de públicos» arrea a gritos al público para que se salga, y cuando se sale, permanece en los pasillos, atorando la circulación, de manera que «control de públicos» otra vez sale a gritar: que la gente se mueva, que se pegue a las paredes, que se calle. Todo con muy malos modos y con mucho desorden (porque además la gente es mula, y se arracima como a propósito, los autores se ponen a firmar libros en la pasadera, etcétera). Un día va a haber alguna trifulca o al menos un desmayado, si no es que una estampida.

Volviendo a las ridiculeces, algo que quizás no todo mundo sepa (y que seguramente a nadie le importa) es que los escritores chilenos están divididos en dos bandos: los partidarios de Nicanor Parra y los de Gonzalo Rojas. Tanto así que no pueden estar en el mismo lugar, y sobre esa disputa se tomó buena parte de las decisiones acerca del programa chileno en la FIL: si se echa de menos una recordación de Rojas en la feria es porque ganaron los parristas. ¡Y no los sienten en una misma mesa, porque se desatan las inquinas y se abre el fuego cruzado de los comentarios sarnosos! Absurdo, ya sé. Pero así es. (Por cierto, y ya que estamos en la sección chismes: ésta es la primera feria sin Sealtiel Alatriste, otrora figurín infaltable como el hombre fuerte de la cultura en la UNAM que era antes de caer en degracia por copión: ha de decirse, donde quiera que esté: «¡Quién fuera intocable como Bryce Echenique!»).

Publicado en la columna «¿Tienes feria?», en el suplemento perFIL de Mural, el martes 27 de noviembre de 2012.

 

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