Mayores informes

Foto: Foto: ©FIL Guadalajara/Michel Amado Carpio

Hay gente que me pregunta cuándo es la FIL; supongo que no es tan anómalo, como no lo es que también haya quienes ignoren cuál es el invitado de este año. A menudo me piden informes sobre horarios, costos, maneras de ingresar gratis («¿Dónde regalan los gafetes?») y, para mi espanto, más de algún habitante de esta ciudad me ha dicho que no sabe dónde es. O qué es, qué hay, de qué se trata. También es costumbre que cada año me vea interrogado sobre el programa: quién viene, quién no viene, a qué valdrá la pena asistir, qué actividades no hay que perderse; o bien me piden datos específicos: a qué día y a qué horas y en qué salón va a presentarse el libro de Fulano (casi debo saber de qué humor andará Fulano para dar autógrafos). Cuánto cuesta el estacionamiento, cuáles son las fechas en que el acceso está reservado para los profesionales, si va a haber nuevamente venta nocturna, cuándo tiene lugar la invasión de estudiantes para no ir, si irá a hacer frío. Qué libros recomiendo comprar («¿Y sabes si van a estar más baratos?»). ¿Y cuánto dura? (Pasado el domingo 2 de diciembre, seguro no faltará quien me suelte: «¿A poco ya se acabó? Yo ni me enteré»).

Lo anómalo es que yo tenga respuestas prácticamente para todas estas dudas. En el libro que se publicó por los 20 años de la FIL viene la foto panorámica de una inauguración en la que alcanzo a salir —habrá sido una de las primeras ediciones, quizás en 1989; de 1987 tengo el recuerdo más bien borroso de que fui acarreado, como todo preparatoriano de la UdeG, y de 1988 sólo sé que fui porque, como hasta la fecha, no pudo ser de otra manera—; el caso es que, en este cuarto de siglo, ahí me la he pasado cada año. Por eso me dan cierta envidia quienes llegan por primera vez, y se pasman al descubrir la magnitud de la feria y la cantidad de cosas que suceden en ella; sin embargo, afortunadamente cada vez he tenido ocasión de refrendar un asombro parecido, y me figuro que lo mismo le sucederá a todos los otros visitantes consuetudinarios que estarán de acuerdo conmigo en que nuestra vida en Guadalajara habría sido muy distinta de no haber existido nunca esto.

Pasmos y figuraciones aparte, la edición que comienza mañana tiene atractivos suficientes para ir a renovar el disfrute de las primeras veces. En particular, confío en los que reunirá la presencia de Chile, no sólo por lo que ha anunciado que se propone y por el contingente de autores que trae, sino desde el antecedente de la vez que ya estuvo: una de las mejores ferias que recuerde. Igual con los otros programas, por mucho que no sea fácil hallar algo radicalmente diferente de las ediciones pasadas. Finalmente, los libros ahí estarán, y eso nunca puede estar mal. Por lo demás, incluso dentro de lo consabido y lo predecible ciertamente se puede esperar siempre la felicidad de un hallazgo: un título largamente buscado o insospechable, un autor nuevo, un camarada de ésos que sólo ahí se encuentra uno. Así que aquí estaremos (se dan informes, también, pero nunca está de más echarle un vistazo diario a la cobertura y la agenda en este suplemento), en la FIL de este 2012 y en esta columna, que ya alcanza nueve años.

Publicado en la columna «¿Tienes feria?», en el suplemento perFIL de Mural, el viernes 23 de noviembre de 2012.

 

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