Previendo

 

Foto: ©FIL Guadalajara/Natalia Fregoso

En mi afán de saber más sobre la nueva literatura chilena (quiero decir: más allá de los autores célebres, por las razones que sea, o de los ineludibles como Neruda, Parra, Rojas, Mistral o Huidobro), me metí la noche del jueves a una mesa en la que cinco escritores disertarían sobre «Los caminos divergentes de la narrativa joven» de aquel país. Malamente para mí, que iba más bien desprevenido, sólo hacia el final comenzaron a hablar de sus proyectos personales, que era lo que me interesaba —en particular los de María José Viera Gallo y de Claudia Apablaza, dos autoras que ya he tenido oportunidad de leer—; y es que la primera media hora se fue en abordar los problemas que tienen que encarar y que, aun cuando se parecen mucho a los de los nuevos escritores mexicanos, en realidad les conciernen sobre todo a ellos, y poco a sus lectores —o a quienes quisiéramos convertirnos en tales. A lo que voy es: ¿de qué manera podría ponerse en antecedentes, al público de la FIL, para que resulte más provechoso escuchar a los escritores que vienen de otros lados (en especial del país invitado)? Creo que es algo que la feria, y la delegación visitante en turno, podrían proponerse como una mejora sustancial: si ya sabemos que el año entrante tendremos aquí a los israelíes, ¿cuándo y cómo se podría facilitarnos conocerlos? Poniendo a circular sus títulos, por ejemplo.

Entre los recuerdos que ya va dejándome esta edición de la feria ya cuenta en los primeros lugares la presencia de Gabriel Orozco en el lanzamiento del libro que recoge su trabajo de tres décadas (editado por Conaculta). Inteligente, cordial, generoso, Orozco es sobre todo un artista que tiene las cosas muy claras y así consigue ponerlas al alcance de su público. Lástima que nunca falten los luciditos que buscan robarle minutos cuando es el turno de las preguntas de la audiencia y agarran el micrófono para soltar sus netas. Recomendación para estos casos: ¡pasen papelitos! Así la gente anota sus preguntas o comentarios, el moderador escoge los que valgan la pena, al final les da lectura, el ponente responde y todos nos ahorramos disgustos.

Escribo estas líneas en la inminencia de la venta nocturna, así que hasta mañana reportaré aquí qué tal me fue A ver si aguanto, porque ya veo los tumultos que se arraciman a la espera de hallar descuentos. Por lo pronto, este sábado ya empieza a relajarse el programa, aunque eso no garantiza que la Expo vaya a verse aliviada de las multitudes que la agobian: ¡es el día de Yordi Rosado! Estará en el Salón Enrique González Martínez, del área internacional, a las 17:00: lo anoto para saber a dónde no hay que acercarse ni por ocurrencia. ¡Ah, y un anuncio! A las 12:30 estaré con Luigi Amara presentando su libro La escuela del aburrimiento, en el salón Mariano Azuela. Amara es uno de los ensayistas mexicanos más estimables que hay, y este libro es una muestra formidable.

Publicado en la columna «¿Tienes feria?», en el suplemento perFIL de Mural, el sábado 1 de diciembre de 2012.

 

 

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