¿Revelación?

No he visto la película Presunto culpable, pero tengo la impresión de que no me hace falta (y tampoco es que me muera de ganas, pero eso es cosa aparte). Lo que quiero decir es que, gracias al escándalo que se ha suscitado en torno al veto que una juez impuso a su proyección —pero aun desde antes de eso, gracias a las expectativas que se habían levantado en las vísperas del estreno—, es más que sabido lo que este documental trata y cómo, e incluso cuando le llegue el momento de retirarse definitivamente de las salas comerciales en que ha venido exhibiéndose (cosa que va a pasar, veto o no: tampoco va a estar en cartelera toda la vida), y comience a circular de otras formas (ya que esté en devedé a lo mejor le echo un vistazo, o ya que se pueda descargarlo de internet), su asunto está tan claro que —hablo por mí— seguirá sobrando un poco ponerse a verlo. O sobrará del todo.
        Porque, además, hay algo que no deja de intrigarme: cómo la notoriedad de esta cinta, independientemente de las consecuencias que ha tenido su encuentro con el público (y el amago de proscripción que, por lo visto, ha intensificado ese encuentro), está cimentada en la dizque «revelación» de una de las cosas que mejor sabemos los mexicanos: que la supuesta administración de la justicia en este país es en realidad una maquinaria depravada, nauseabunda, atroz, incorregible como no sea refundándola de raíz y, en resumidas cuentas, un aparato oneroso, imbécil, tortuoso y temible, causa de incontables males (entre otras razones porque es inservible para todo propósito de rehabilitación social, por ejemplo) y uno de los más abundantes y pestilentes surtideros de corrupción, retraso y vergüenza con que ha venido regándose la catástrofe. «En México, ser inocente no basta para ser libre», reza una de las leyendas del cartel de la película. ¿No era obvio? ¿No sabe cada compatriota que en la cárcel nomás se quedan, culpables o no, los pobres o los que han caído de la gracia de quien pueda protegerlos? ¿No está fundada, para efectos prácticos —y la vida cotidiana es una cosa muy práctica—, en esa certeza inapelable la operación toda del sistema penitenciario? Quien lo niegue es un ingenuo o un hipócrita. ¿Por qué tanta consternación, tanto asombro?
        Al Estado mexicano, desde luego, le resulta obligatorio garantizar la libre exhibición de la película... pero además está viéndose cómo aprovecha el revuelo a su favor, invistiéndose de unas ínfulas de probidad a las que está lejos de poder aspirar. No desestimo la buena intención de los realizadores —el propósito de denuncia que subyace en la difusión masiva de la historia de una injusticia—, y quiero creer que los alcances del medio (y el estrépito mediático que sobrevino) servirán para que, al menos, sea más difícil alegar ignorancia acerca de lo que ocurre en ministerios públicos, juzgados, cárceles y demás. Pero ya que pase el tema —y pasará: la desmemoria es la mejor aliada de la indolencia, y ésta es la sirvienta óptima de la impunidad—, ¿qué se habrá ganado en realidad?

Publicado en la columna «La menor importancia», en Mural, el jueves 10 de marzo de 2011.
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4 comentarios:

David Miklos dijo...
10 de marzo de 2011, 12:17

No estoy de acuerdo contigo, querido José Israel: en un país en donde la ignorancia es reina, casi cualquier cosa es una revelación. Yo también me resistía a ver Presunto culpable. Verla fue una amarga constatación de lo que ya sabía, aunque no lo sabía tan contundentemente. Ver la cara del juez, de la seudo abogada que se encarga de redactar la sentencia, de los judiciales... Los gestos de la mexicanidad más corrupta. Lo que ha hecho la película es reavivar una molestia. Y ya veremos si realmente se filman los juicios o es una mera estratagema electoral de Ebrard. Y ya veremos qué pasa en el 2016, cuando se acabará, según esto, el sistema que permite que uno sea presunto culpable y no inocente hasta que se demuestre lo contrario. Vaya un abrazo de nuevo padre a novísimo padre, D.

Cake dijo...
10 de marzo de 2011, 13:05

Yo si estoy de acuerdo, sobre todo con la última parte. ¿De qué changos sirve ver una película de ese tipo? Si al último, cuando salgamos de la sala, apaguemos el reproductor o le demos stop al "Güindusmedia" el único atisbo de preocupación de nuestra parte será una exclamación del tipo "pues que culero", lo cuál no aportará absolutamente nada al Universo además de las partículas de energía producidas por las ondas sonoras.

El mexicano está jodido no porque no sepa que está jodido, sino porque felizmente decide seguir estando jodido aunque le digan que está jodido.

Pedro G. González Q. dijo...
10 de marzo de 2011, 13:50

Israel, yo estoy de acuerdo contigo en que el tema no es una revelación. Sin embargo, aplaudo la realización del documental. Tomando en cuenta las características del sistema judicial, que tú atinadamente remarcas, creo que nunca estará de más cualquier iniciativa que se tome para denunciarlo.
Además, no debemos olvidar nuestro compromiso con las nuevas generaciones, yo llevé a mis hijos de 15 y 19 años. Ambos me confesaron su asombro y los sentimientos de angustia, impotencia y enojo que experimentaron. Yo creo que deberíamos apoyar la iniciativa que propone www.presuntoculpable.org, nunca estará por demás cualquier pellizco que le demos al monstruo.
Saludos, Pedro G. González Q. pgmsgr@hotmail.com

chicokc dijo...
16 de marzo de 2011, 21:48

De acuerdo. No hay mayor necedad que decir que la justicia mexicana está podrida...por cierto, ni siquiera compres el dvd, vela en youtube, dicen que rola por ahí. No pierdas tu tiempo y dinero en una obviedad. O si no te interesa, te la resumo:

Presunto culpable es el trailer del documental con más rap mexicano.