A todo color


La joya que ahora decora la cocina, colocada cerca del refrigerador (en la puerta de la alacena), de tal modo que al ir por cualquier cosa sea inevitable verla, es obsequio de la Panadería García, de Ciudad Guzmán: «Este Calendario», se lee en una leyenda impresa debajo de la imagen, con abundancia de mayúsculas que seguramente buscan enfatizar el propósito, «es un Sencillo Testimonio de Gratitud por su Amable Preferencia y para Desearle todo Género de Felicidad en Navidad y en todo el Año Nuevo 2009». El calendario engrapado al extremo inferior del pliego de papel couché es, más propiamente dicho, un almanaque bilingüe: seis hojas desprendibles en las que los meses viajarán por parejas, con las días feriados de México, Canadá y Estados Unidos (President’s Day: 16 de febrero; Canada Day: 1 de julio), el santoral católico y las festividades judías (Yom Kippur: 28 de septiembre, mismo día que se recuerda a San Wenceslao), dibujitos varios (un cupidito para San Valentín, un obrerito para el Día del Trabajo) y las fases de la luna y los cambios de las estaciones. Al reverso del pliego, en tipografía menuda, una monografía de la bandera mexicana, la letra completa del Himno Nacional, la Ley sobre el Escudo, la Bandera y el Himno Nacionales y el Calendario Cívico, con las fechas en que la bandera debe ondear a toda asta o a media asta —que será como se habrá de verla el 7 de octubre, aniversario de «la inmolación del Senador Belisario Domínguez ordenada por Victoriano Huera en 1913»—: en resumen, un caudal de información acaso no indispensable, pero sí utilísima y emocionante.
    Pero lo mejor está en la estampa principal: una reproducción del cuadro «La Patria y el Niño», firmado por Jesús Helguera. Sobre un terreno pedregoso, y delante del fondo que hacen las figuras del Popocatépetl y el Iztaccíhuatl (que en otras célebres pinturas de Helguera, todos las hemos visto, cobran vida como la pareja de la leyenda: el hombre musculoso arrodillado ante la mujer yacente), un chamaco de unos ocho o diez años carga bajo el brazo un libro voluminoso, al tiempo que le da la mano a la morenaza altísima que a su vez porta una bandera gigantesca; la mujer —trenzas gordas, coronada con ramas de olivo— se deja guiar con un gesto de serenidad altiva que resulta dramático por este detalle: lleva los ojos cerrados. El niño mira a lo alto, con entusiasmo y el rostro luminoso, y mientras él pisa firme, la Patria parece flotar (apenas toca el suelo, vuela la falda de su vestido blanco). Es, como toda la obra de Helguera, una escena trazada por el más puro candor: ilustrador a sueldo de la Cigarrera La Moderna durante casi toda su vida, el pintor chihuahuense se limitaba a plasmar, justamente para que figuraran en calendarios, idealizaciones de la historia o de lo mexicano con el solo propósito de que a la gente le gustaran lo suficiente como para tenerlas a la vista durante todo un año. Y sí, cómo resistirse: es fascinante. Que así, como este calendario, sea el 2009.

Publicado en la columna «La menor importancia», en Mural, el viernes 2 de enero de 2009.
Imprimir esto

4 comentarios:

chicokc dijo...
4 de enero de 2009, 19:13

Amén JIC, amén. Feliz año y navidad y todo lo demás que se tenga que festejar y decir.

Luis Vicente de Aguinaga dijo...
5 de enero de 2009, 7:57

Cuentan que Pedro Almódóvar, a su regreso de Hollywood, a donde había ido a recoger un monigote bañado en oro, lo que atinó a decir para la posteridad fue: "Tuve que viajar tanto para descubrir que Julia Roberts es de brazo gordo". Lo mismo digo yo a propósito de la Patria, sólo que sin el viaje largo y consagratorio: señoras y señores, la Patria es de brazo gordo, camina de puntitas y tiene una trenza más larga que la otra.

Yo Pretencioso dijo...
5 de enero de 2009, 15:41

Lástima que, aunque "con un gesto de serenidad altiva", la Patria ande caminando con los ojos cerrados... guiando ciegamente a sus hijos.

Saludos!

Víctor Cabrera dijo...
8 de enero de 2009, 14:32

¡¡¡Ah, cabrón!!!: Año nuevo y nuevo diseño de blog. Qué renovador andas, Carranza.

Por lo demás, y dicho con todo respeto, yo a esa doña Patria Helguera sí me la andaba chingando, eh.

Abrazos, aplausos y parabienes.

vc