Ambliope

El oftalmólogo me dijo que tengo un ojo ambliope. Explicó: que es haragán, que deja que el otro se esfuerce en conseguir la nitidez indispensable para distinguir los contornos de las cosas; únicamente hasta que este ojo ha hecho su trabajo, enfocando correctamente, el ambliope completa la imagen, desganado e indolente...

Así empieza un breve cuento que acaba de aparecer en la revista Metrópolis. Para que acaben de leerlo, y —tanto mejor— lean los cuentos de Fernando de León, Antonio Ortuño, David Miklos, Édgar Velasco Barajas, Jaime Mesa y Mariño González (quien, además, dirigió este número), pasen por favor por acá.
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