Cabañas: consternación rentable



Salvador Cabañas, predijo el neurocirujano que lo intervino, no va a recordar lo que le pasó. Eso si bien le va, y sí, ojalá que le vaya bien. Pero a la nación entera —o a dos naciones enteras: además del Azteca, el estadio Defensores del Chaco, en Asunción, se convirtió en capilla para rezar por la vida del futbolista— está garantizado que, por un buen rato, no se le escape detalle de la agresión y sus secuelas: tanto tiempo como gusten los medios que han cubierto exhaustivamente el caso, apenas uno entre decenas de balazos en la cabeza que se disparan en México todos los días...

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