Trastornos


El traxcavo que va y viene, viene y va, aquí cuando empezaban las obras enigmáticas.
Foto: Notisistema

¿Alguien, por favor, es capaz de explicar de modo verosímil (ya no pedimos verdades, que no las saben dar: por lo pronto nos conformaremos con cuentos que siquiera sean creíbles) qué propósito tienen las obras inacabables en dos cuadras de Avenida Chapultepec? Por tres sábados seguidos, yo he dado en aplastarme en un café de ahí a ver cómo el traxcavo escarba una y otra vez en el mismo sitio, para luego rellenar el agujero y vuelta a empezar. En serio: al menos hasta la semana pasada, la maquinaria arrastraba la tierra de un lado a otro, y de regreso, sin que fuera posible advertir que la obra avanzara. Aunque no quede del todo clara la razón de esos trabajos, que la calle haya estado destripada durante tanto tiempo obedece a una causa evidente: la incompetencia del Ayuntamiento tapatío, incapaz —o eso hay que suponer— de sacar bien las cuentas. En la nota al respecto publicada por Mural el pasado lunes, se lee que la intención era cambiar el asfalto y subir el nivel del arroyo a la altura del camellón, a fin de crear una suerte de plaza para cuando hubiera actos culturales ahí. Pero, claro, el dinero presupuestado se acabó (o sea que no estaba presupuestado, o al menos no correctamente), de tal modo que la avenida quedará dispareja, con sólo los carriles del lado poniente «arreglados». Pensaban —ojalá eso sí lo hayan hecho— arreglar el drenaje y las tuberías de agua potable, pero además ocultar el cableado (nomás en esas dos cuadras: ¿para qué?), cosa que ya no se hará. «Estimo, sin comprometerme», farfulló Ricardo Oliveras Ureña, director de Obras Públicas, «que en octubre estaré tratando de terminar Chapultepec». Y pues no: no la va a terminar, pues el plan original no era éste. Pero, además, ¿no tiene un jefe, este funcionario elusivo, que lo obligue a hacer su chamba a tiempo, y bien? Es una pregunta ociosa, desde luego: el flamante Alcalde interino y fugaz tendrá, aparte de los dineros mal contados, más apuro porque las poquitas semanas que le restan en el cargo pasen lo más rápido posible.
    Los disparates de esas dos cuadras (aunque también las que supuso la remodelación —más bien innecesaria, y al cabo superflua— del camellón) son, por lo visto, la puntita de un grano más gordo y apestoso, que puede reventar muy feamente. El proyecto de una cosa horrenda que se llamará (porque se va a hacer, seguro) Horizontes Chapultepec, y en función del cual parecen estar las intervenciones que se realizan en la zona. Ya se demolió una casa con valor patrimonial, y la construcción del complejo habitacional, que incluirá un centro comercial (como si a Guadalajara le faltaran más), pese a las irregularidades que se le han señalado, es imparable. Eugenio Arriaga, director de Cultura del Ayuntamiento, dijo hace poco en una entrevista radiofónica que con el cierre parcial de Avenida Chapultepec se ha demostrado que si no pasan vehículos por ahí «no se trastorna la ciudad». ¿No? Bueno: ya se ingeniarán —y están en eso— para que sí se trastorne. E irremediablemente.

Publicado en la columna «La menor importancia», en Mural, el jueves 15 de octubre de 2009.

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